POLVORIN POR: JOSE ANGEL SOLORIO

 

 

 

POLVORIN

El fin de los candidatos locales

La clase política tamaulipeca, tuvo una maciza cohesión desde el arribo de Emilio Portes Gil a la gubernatura de Tamaulipas en 1925 hasta que el presidencialismo fracturó al grupo capitaneado por el victorense en 1947. Con leves interrupciones, el portesgilismo como factor hegemónico en la entidad, gobernó y delineó un sistema político regional armónico y equilibrado.

No es un exceso, afirmar que el portesgilismo no sólo cinceló una estructura de gobierno y de conducción en Tamaulipas; también aportó –y mucho- a la construcción de las instituciones nacionales. Un dato: el Partido Socialista Fronterizo (PSF), -imaginado y organizado por Portes Gil- se fundó como organización política moderna –estatutos y programa de acción- en 1924-; en tanto el PNR eclosiona en 1929 con mucha sustancia de los partidos socialistas regionales, entre ellos el PSF.

Otro más: en el gobierno estatal de Portes Gil se promulgó una Ley Estatal del Trabajo para armonizar las contradicciones entre el capital y el trabajo. Algunos años después, ese documento se convirtió en uno de los soportes de la Ley Federal del Trabajo bajo el ojo vigilante del grande jurisconsulto victorense –portesgilista en esa época- Praxédis Balboa Gójon.

Con ese liderazgo tan lúcido y visionario Portes Gil aglutinó en su torno a una mayoritaria clase política tamaulipeca que confió en su destreza y le otorgó su confianza.
¿Quién podría regatearle méritos a Emilio?..

¿Cómo disputarle el liderazgo, a tan deslumbrante dirigente?..

Su capacidad de interlocución con la Federación y su amplia base social en la región lo transformaron en uno de los más sólidos e influyentes tamaulipecos en la historia de la entidad. Es decir: se erigió como el actor hegemonizante en el sistema político regional.

Después del golpe político contra el portesgilismo con la destitución de Hugo Pedro González Lugo se desperdigó el poder de Portes Gil. Emergieron otros actores y otras corrientes en el escenario tamaulipeco.
Es a partir de 1947, cuando se crean las condiciones para la germinación de autónomos grupos micro-regionales. La urdimbre sociopolítica del factor único, había terminado. La balcanización del poder tamaulipeco, estaba a la vista.

(Mucho ayudarían a ese proceso, las administraciones de Raúl Gárate, Horacio Terán y Norberto Treviño Zapata).

Es entonces –el momento en que el portesgilismo ha sido borrado de la faz tamaulipeca-, cuando en Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Victoria, Tampico, Mante, Madero y Altamira toman la ruta política de sus propios intereses. Inicia la incubación, de dirigentes como Joaquín Hernández Galicia, Pedro Pérez Ibarra, Agapito González, Reynaldo Garza Cantú, Diego Navarro y la expresión larvaria de grupos de poder encabezados por los Guerra, los Deándar, los Gómez Lira, los Cárdenas González y otros de menor calado.
En este proceso, Tamaulipas vive un proceso inverso al instrumentado por Portes Gil. Si el victorense pensó en un sistema político centralizado y capitaneado por un solo hombre, los grupos locales decidieron que la disputa del poder de los Ayuntamientos –su autoridad más íntima- debería de darse entre los factores municipales.

Cuando los elementos de poder municipales lograron consolidar un sistema micro-regional a su modo, sentaron a negociar al gobernador que pasó de ser el elemento definitorio en la pugna por el Ayuntamiento tamaulipeco, a ser un ingrediente más en la reyerta. (Fuerte, es cierto. Pero ya no es el elemento aplastante en la construcción de los liderazgos de los Cabildos).

Se generó así una paradoja política: los grupos de poder municipales, ganaron más autonomía al tiempo de hacerla perder a su gobernador en relación con la Federación. (Se habla del sistema político de la hegemonía priista. Fue diferente con un presidente panista). Entre más poder, exhibe el Ayuntamiento, menos capacidad de negociación otorga al gobernador con el Centro.

Concretando: las condiciones históricas han prohijado una clase política desmembrada y un sistema político viscoso. Ello a su vez, dejó en situación de indefensión a las administraciones estatales frente a un sistema político centralista.

¿Tiene la clase política tamaulipeca, el empaque como para disputar decisiones fundamentales para el desarrollo del estado a la Federación?..
No se percibe.

En el 16, llegará el fin de los candidatos locales…